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Salud del Bebé

Reflujo en bebés: cuándo es normal y cuándo hay que consultar

Reflujo en bebés: cuándo es normal y cuándo hay que consultar

Casi todos los bebés regurgitan y la mayoría no necesita tratamiento. Cómo distinguir el reflujo fisiológico del que preocupa y qué medidas sí ayudan.

⚕️ Aviso médico: Este artículo es únicamente informativo. Ante vómitos, llanto persistente, mala progresión de peso o cualquier señal de alarma, consultá con tu pediatra. No administres medicación sin indicación profesional.

Que un bebé devuelva un poco de leche después de tomar es, en la enorme mayoría de los casos, absolutamente normal. Se llama regurgitación o reflujo fisiológico y ocurre porque el músculo que separa el esófago del estómago todavía es inmaduro, el bebé toma líquido en gran cantidad para su tamaño y pasa mucho tiempo acostado. Es tan frecuente que en los primeros meses afecta a la mayoría de los lactantes, con un pico alrededor de los 4 meses y una mejoría progresiva que suele completarse entre los 12 y los 14 meses.

Reflujo fisiológico: el "escupidor feliz"

Los pediatras usan una expresión que describe muy bien el cuadro típico: el happy spitter, el bebé que devuelve pero está feliz. Sus características:

  • Regurgita sin esfuerzo, a veces varias veces por día.
  • Sube bien de peso y crece según su curva.
  • Se alimenta con ganas y sin dolor.
  • Está tranquilo, duerme razonablemente y no tiene otros síntomas.

Acá no hay enfermedad ni tratamiento que hacer: hay que cambiar más ropa y esperar. Ningún medicamento acorta este proceso, y sí puede traer efectos adversos.

Cuándo hablamos de enfermedad por reflujo

Se llama enfermedad por reflujo (ERGE) cuando el contenido que sube genera síntomas o complicaciones. Señales que ameritan consulta:

  • Mala progresión de peso o descenso en la curva.
  • Irritabilidad marcada durante o después de las tomas, con arqueo del cuerpo y llanto de dolor.
  • Rechazo del alimento: empieza a tomar, se despega, llora y no quiere seguir.
  • Vómitos con sangre o material oscuro, o materia fecal con sangre.
  • Vómitos verdosos (biliosos): requieren consulta inmediata.
  • Vómitos en chorro, cada vez más frecuentes, entre las 3 y 6 semanas de vida: hay que descartar estenosis hipertrófica del píloro.
  • Tos crónica, ahogos, sibilancias o neumonías a repetición.
  • Apneas, palidez o episodios de atragantamiento con cambio de color: consulta urgente.
  • Aparición del reflujo después de los 6 meses o que empeora a partir del año.

Qué medidas ayudan de verdad

  • Tomas más pequeñas y más frecuentes. La sobrealimentación es una causa muy común de regurgitación abundante, sobre todo con mamadera.
  • Sostenerlo erguido 20 a 30 minutos después de cada toma, en brazos.
  • Buen agarre al pecho o tetina adecuada, para que trague menos aire; hacerlo eructar sin obsesión.
  • Evitar el humo de tabaco, que empeora el reflujo.
  • No comprimir el abdomen con ropa o fajas ajustadas, ni acostarlo inmediatamente después de comer.
  • En bebés con fórmula, el pediatra puede indicar fórmulas espesadas o un cambio de fórmula; nunca por decisión propia.

Un punto de seguridad que no admite excepciones: el bebé duerme siempre boca arriba, en colchón firme y sin almohadas, incluso si tiene reflujo. No se recomienda elevar la cabecera de la cuna ni usar "posicionadores antirreflujo" ni acostarlo de costado: esas prácticas no demostraron beneficio y aumentan el riesgo de muerte súbita. Tampoco se deben usar sillitas o hamacas para dormir.

Sobre la medicación

Los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares) y los antiácidos no están indicados para la regurgitación aislada ni para el llanto sin otros síntomas. Las guías actuales desaconsejan su uso de rutina en lactantes: no reducen el llanto en la mayoría de los casos y se asocian con mayor riesgo de infecciones respiratorias y digestivas. Se reservan para casos con esofagitis documentada o síntomas claros de ERGE, siempre por indicación y con tiempo de tratamiento definido.

Un diagnóstico que conviene tener en cuenta: la APLV

La alergia a la proteína de leche de vaca puede presentarse con síntomas muy parecidos al reflujo intenso: irritabilidad, rechazo del alimento, vómitos, deposiciones con moco o sangre, dermatitis, y a veces mala progresión de peso. Se sospecha y se maneja con el pediatra: en bebés amamantados, mediante dieta de exclusión de lácteos en la madre por un período de prueba; en bebés con fórmula, con fórmulas extensamente hidrolizadas. Nunca se suspende la lactancia por sospecha de APLV.

Cuándo ir a la guardia

  • Vómitos verdosos o con sangre.
  • Episodios de apnea, cambio de color o pérdida de tono.
  • Vómitos persistentes con signos de deshidratación: menos pañales mojados, boca seca, decaimiento.
  • Fiebre en un bebé menor de 3 meses.
  • Abdomen distendido y doloroso, o rechazo total del alimento.

Para todo lo demás, el mensaje tranquilizador es real: el reflujo de la mayoría de los bebés es una etapa incómoda para la ropa y para la paciencia, no una enfermedad. Se resuelve con el tiempo, con el bebé sentado un rato después de comer y con un buen stock de baberos.

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