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Alimentación Infantil

Alergias alimentarias en bebés: cómo introducir los alérgenos y qué señales vigilar

Alergias alimentarias en bebés: cómo introducir los alérgenos y qué señales vigilar

Retrasar el huevo o el maní ya no se recomienda. Cómo y cuándo introducir los alérgenos, cómo reconocer una reacción y qué hacer ante una alergia confirmada.

⚕️ Aviso médico: Este artículo es únicamente informativo. Si tu bebé tiene dermatitis atópica moderada o severa, una alergia alimentaria conocida o antecedentes familiares importantes, consultá con el pediatra o alergista antes de introducir alérgenos.

Durante años se les dijo a las familias que había que retrasar el huevo hasta el año, el pescado hasta los dos y el maní hasta los tres. Hoy sabemos que esa recomendación fue un error: los estudios de la última década mostraron que retrasar la introducción no previene las alergias y, en algunos casos, las favorece. La recomendación actual es la opuesta: introducir los alimentos alergénicos dentro del primer año, junto con el resto de la alimentación complementaria, y —clave— sostener el consumo una vez introducidos.

Cuándo y cómo introducirlos

  • Desde el inicio de la alimentación complementaria, alrededor de los 6 meses, cuando el bebé muestra los signos de madurez habituales (se sienta con apoyo, sostiene la cabeza, muestra interés por la comida, perdió el reflejo de extrusión).
  • De a un alimento nuevo por vez, dejando dos o tres días antes de sumar otro alérgeno. Así, si aparece una reacción, sabés qué la causó.
  • En pequeña cantidad al principio (la punta de una cucharita) y, si no hay reacción, aumentando de a poco.
  • En casa, de día y con el bebé sano, no en un cumpleaños ni a la noche ni cuando está resfriado. Si pasa algo, querés estar cerca de un centro de salud y con luz.
  • Mantener la exposición: una vez introducido, ofrecerlo con regularidad (dos o tres veces por semana). La tolerancia se mantiene con el consumo sostenido; si el alimento desaparece meses de la dieta, puede perderse.

Los principales alérgenos a incluir: leche de vaca, huevo, maní y otros frutos secos, pescado, mariscos, trigo, soja y sésamo. Una precaución de seguridad, no de alergia: nunca frutos secos enteros antes de los 4 o 5 años por riesgo de atragantamiento. Se ofrecen como pasta fina o molidos y mezclados con otra comida.

Cómo reconocer una reacción

Inmediata (mediada por IgE)

Aparece en general dentro de las dos horas, muchas veces en minutos:

  • Ronchas, urticaria, enrojecimiento de la piel.
  • Hinchazón de labios, párpados o cara.
  • Vómitos repentinos, dolor abdominal.
  • Tos, ronquera, silbidos o dificultad para respirar.
  • Palidez, decaimiento brusco.

Tardía (no mediada por IgE)

Aparece en horas o días y es más difícil de identificar. La más común en lactantes es la alergia a la proteína de leche de vaca: deposiciones con moco o sangre, vómitos, irritabilidad marcada, dermatitis persistente, mala progresión de peso.

Anafilaxia: qué hacer

Es una reacción grave y de rápida instalación. Sospechala si hay dificultad para respirar, hinchazón de lengua o garganta, vómitos repetidos con decaimiento, palidez intensa o pérdida de conciencia, especialmente si además hay síntomas en la piel.

  1. Llamá a emergencias de inmediato (107 o el servicio de tu zona).
  2. Si ya tenés adrenalina autoinyectable indicada, aplicala sin demora en la cara externa del muslo y llamá igual a emergencias.
  3. Acostalo con las piernas elevadas (o sentado si le cuesta respirar; de costado si vomita).
  4. No le des de comer ni beber y no esperes a ver si mejora solo.
  5. Los antihistamínicos no reemplazan a la adrenalina: sirven para los síntomas cutáneos leves, no para una anafilaxia.

Qué NO hacer

  • No elimines alimentos por las dudas. Las dietas de exclusión sin diagnóstico generan déficits nutricionales y, además, aumentan el riesgo de que el chico termine siendo alérgico a lo que dejó de comer.
  • No confíes en los "tests de intolerancias alimentarias" por IgG, ni en los análisis de pelo, bioresonancia o similares: no están validados y llevan a dietas innecesarias.
  • No suspendas la lactancia ante la sospecha de APLV. Lo habitual es una dieta de exclusión de lácteos en la madre, con seguimiento profesional.
  • No retrases la consulta si hubo una reacción: el alergista define si hacen falta pruebas cutáneas, análisis específicos o una prueba de provocación supervisada.

Si la alergia se confirma

  • Leé siempre las etiquetas. En Argentina la normativa exige declarar la presencia de los alérgenos principales en los rótulos.
  • Atención a la contaminación cruzada en casa y en restaurantes: utensilios, tablas, aceite de fritura compartido.
  • Avisá en el jardín y la escuela por escrito, con un plan de acción firmado por el médico y, si corresponde, la adrenalina disponible y gente entrenada para usarla.
  • Revisá periódicamente: muchas alergias de la infancia —leche, huevo, trigo, soja— se superan con los años. Las de maní, frutos secos y mariscos tienden a persistir más, pero también se reevalúan.
  • Cuidá lo nutricional: si se excluye un grupo entero de alimentos, conviene el seguimiento de una nutricionista infantil.

La conclusión práctica es tranquilizadora: la mayoría de los bebés tolera sin problemas todos los alimentos, y el mejor camino para que eso siga así es una alimentación variada, introducida a tiempo y sostenida en el tiempo.

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