Durante años se les dijo a las familias que había que retrasar el huevo hasta el año, el pescado hasta los dos y el maní hasta los tres. Hoy sabemos que esa recomendación fue un error: los estudios de la última década mostraron que retrasar la introducción no previene las alergias y, en algunos casos, las favorece. La recomendación actual es la opuesta: introducir los alimentos alergénicos dentro del primer año, junto con el resto de la alimentación complementaria, y —clave— sostener el consumo una vez introducidos.
Cuándo y cómo introducirlos
- Desde el inicio de la alimentación complementaria, alrededor de los 6 meses, cuando el bebé muestra los signos de madurez habituales (se sienta con apoyo, sostiene la cabeza, muestra interés por la comida, perdió el reflejo de extrusión).
- De a un alimento nuevo por vez, dejando dos o tres días antes de sumar otro alérgeno. Así, si aparece una reacción, sabés qué la causó.
- En pequeña cantidad al principio (la punta de una cucharita) y, si no hay reacción, aumentando de a poco.
- En casa, de día y con el bebé sano, no en un cumpleaños ni a la noche ni cuando está resfriado. Si pasa algo, querés estar cerca de un centro de salud y con luz.
- Mantener la exposición: una vez introducido, ofrecerlo con regularidad (dos o tres veces por semana). La tolerancia se mantiene con el consumo sostenido; si el alimento desaparece meses de la dieta, puede perderse.
Los principales alérgenos a incluir: leche de vaca, huevo, maní y otros frutos secos, pescado, mariscos, trigo, soja y sésamo. Una precaución de seguridad, no de alergia: nunca frutos secos enteros antes de los 4 o 5 años por riesgo de atragantamiento. Se ofrecen como pasta fina o molidos y mezclados con otra comida.
Cómo reconocer una reacción
Inmediata (mediada por IgE)
Aparece en general dentro de las dos horas, muchas veces en minutos:
- Ronchas, urticaria, enrojecimiento de la piel.
- Hinchazón de labios, párpados o cara.
- Vómitos repentinos, dolor abdominal.
- Tos, ronquera, silbidos o dificultad para respirar.
- Palidez, decaimiento brusco.
Tardía (no mediada por IgE)
Aparece en horas o días y es más difícil de identificar. La más común en lactantes es la alergia a la proteína de leche de vaca: deposiciones con moco o sangre, vómitos, irritabilidad marcada, dermatitis persistente, mala progresión de peso.
Anafilaxia: qué hacer
Es una reacción grave y de rápida instalación. Sospechala si hay dificultad para respirar, hinchazón de lengua o garganta, vómitos repetidos con decaimiento, palidez intensa o pérdida de conciencia, especialmente si además hay síntomas en la piel.
- Llamá a emergencias de inmediato (107 o el servicio de tu zona).
- Si ya tenés adrenalina autoinyectable indicada, aplicala sin demora en la cara externa del muslo y llamá igual a emergencias.
- Acostalo con las piernas elevadas (o sentado si le cuesta respirar; de costado si vomita).
- No le des de comer ni beber y no esperes a ver si mejora solo.
- Los antihistamínicos no reemplazan a la adrenalina: sirven para los síntomas cutáneos leves, no para una anafilaxia.
Qué NO hacer
- No elimines alimentos por las dudas. Las dietas de exclusión sin diagnóstico generan déficits nutricionales y, además, aumentan el riesgo de que el chico termine siendo alérgico a lo que dejó de comer.
- No confíes en los "tests de intolerancias alimentarias" por IgG, ni en los análisis de pelo, bioresonancia o similares: no están validados y llevan a dietas innecesarias.
- No suspendas la lactancia ante la sospecha de APLV. Lo habitual es una dieta de exclusión de lácteos en la madre, con seguimiento profesional.
- No retrases la consulta si hubo una reacción: el alergista define si hacen falta pruebas cutáneas, análisis específicos o una prueba de provocación supervisada.
Si la alergia se confirma
- Leé siempre las etiquetas. En Argentina la normativa exige declarar la presencia de los alérgenos principales en los rótulos.
- Atención a la contaminación cruzada en casa y en restaurantes: utensilios, tablas, aceite de fritura compartido.
- Avisá en el jardín y la escuela por escrito, con un plan de acción firmado por el médico y, si corresponde, la adrenalina disponible y gente entrenada para usarla.
- Revisá periódicamente: muchas alergias de la infancia —leche, huevo, trigo, soja— se superan con los años. Las de maní, frutos secos y mariscos tienden a persistir más, pero también se reevalúan.
- Cuidá lo nutricional: si se excluye un grupo entero de alimentos, conviene el seguimiento de una nutricionista infantil.
La conclusión práctica es tranquilizadora: la mayoría de los bebés tolera sin problemas todos los alimentos, y el mejor camino para que eso siga así es una alimentación variada, introducida a tiempo y sostenida en el tiempo.




