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TDAH

Cómo se diagnostica el TDAH en niños: evaluación, escalas y qué estudios NO sirven

Cómo se diagnostica el TDAH en niños: evaluación, escalas y qué estudios NO sirven

El TDAH se diagnostica con entrevista clínica, escalas a familia y docentes y descarte de otras causas. Qué pide el DSM-5 y por qué el mapeo cerebral no sirve.

⚕️ Aviso médico: Este artículo es únicamente informativo. El diagnóstico del TDAH solo puede hacerlo un profesional especializado que evalúe al niño/a en persona. No suspendas ni inicies tratamientos por tu cuenta.

El TDAH es uno de los diagnósticos más frecuentes de la infancia y, al mismo tiempo, uno de los peor entendidos. Por un lado hay chicos que pasan años siendo "vagos", "distraídos" o "maleducados" sin que nadie evalúe nada. Por el otro, circulan diagnósticos hechos en veinte minutos a partir de una queja escolar. Entre esos dos extremos está el proceso real, que no es complicado pero sí requiere tiempo, más de una fuente de información y algunos descartes obligatorios.

Qué exige el DSM-5

Para hablar de TDAH se necesita un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que cumpla varias condiciones a la vez:

  • Cantidad de síntomas: al menos seis de nueve en inatención y/o seis de nueve en hiperactividad-impulsividad (desde los 17 años, cinco).
  • Inicio temprano: varios síntomas ya presentes antes de los 12 años.
  • Dos o más contextos: casa, escuela, club, casa de los abuelos. Si solo pasa en un lugar, hay que mirar ese lugar.
  • Impacto funcional claro en lo académico, social o familiar. Sin impacto no hay trastorno.
  • No explicado mejor por otra causa: ansiedad, depresión, problemas de sueño, hipoacusia, dificultades de aprendizaje, situaciones familiares adversas.

Existen tres presentaciones: predominantemente inatenta (la más pasada por alto, y la más frecuente en nenas), predominantemente hiperactiva-impulsiva y combinada.

Cómo es la evaluación

  1. Entrevista clínica con la familia: historia del embarazo y el parto, desarrollo, sueño, alimentación, antecedentes familiares, cómo es un día típico, qué estrategias ya probaron.
  2. Entrevista y observación del chico, adecuada a su edad. Ojo con un detalle: en el consultorio, uno a uno y con algo novedoso enfrente, muchos chicos con TDAH se comportan perfecto. Eso no descarta el diagnóstico.
  3. Escalas estandarizadas completadas por familia y docentes (Conners, SNAP-IV, SDQ, entre otras). Son el instrumento que aporta la mirada multicontexto.
  4. Información escolar: informe del docente, cuadernos, evaluaciones, boletines. Los cuadernos cuentan muchísimo: consignas incompletas, tareas a medias, letra que se deteriora al final de la página.
  5. Evaluación psicopedagógica y cognitiva, para descartar o detectar dificultades específicas de aprendizaje que acompañen.
  6. Descartes médicos: audiometría, control visual, evaluación del sueño (incluidos ronquidos y apneas), y análisis básicos si hay sospecha clínica de anemia, ferropenia o disfunción tiroidea.

Qué estudios NO diagnostican TDAH

Esto conviene tenerlo claro antes de gastar dinero y tiempo:

  • Electroencefalograma, QEEG o "mapeo cerebral": no diagnostican TDAH. Se piden solo si hay sospecha de epilepsia u otra condición neurológica.
  • Resonancia o tomografía: tampoco, salvo indicación médica por otro motivo.
  • Tests computarizados de atención por sí solos: pueden aportar datos complementarios, pero ningún puntaje reemplaza la evaluación clínica.
  • Estudios genéticos, de intolerancias alimentarias o de metales: no tienen utilidad diagnóstica para TDAH.

Si un centro ofrece "detectar TDAH" con un aparato en una sola sesión, el criterio más sano es buscar otra opinión.

La edad importa

Antes de los 6 años el diagnóstico se hace con mucha cautela: moverse mucho, no esperar el turno y cambiar de actividad cada tres minutos es lo esperable en un chico de 4. En preescolares se evalúa solo si el impacto es muy marcado, y la primera línea de tratamiento en esa etapa son las intervenciones conductuales con las familias y el jardín, no la medicación.

En la otra punta, el diagnóstico tardío en adolescentes y adultos existe y es frecuente, sobre todo en la presentación inatenta y en mujeres, que suelen compensar con esfuerzo y ansiedad hasta que las demandas superan a las estrategias.

Qué llevar a la consulta

  • Cuadernos y carpetas del año en curso y del anterior.
  • Boletines e informes escolares, incluidos los comentarios de los docentes.
  • Libreta sanitaria y estudios previos (audiometría, visión).
  • Una descripción concreta de un día típico: cuánto tarda en vestirse, qué pasa con la tarea, cómo son las noches.
  • Antecedentes familiares: el TDAH tiene una alta carga hereditaria y muchas veces un familiar se reconoce en el relato.
  • Qué ya probaron y qué resultado dio.

Después del diagnóstico

Un buen informe no termina en la sigla: describe el perfil (qué tipo de atención falla, cómo está la memoria de trabajo, qué pasa con la regulación emocional), enumera las comorbilidades evaluadas y propone un plan con tres patas: trabajo con la familia, adaptaciones escolares y, cuando corresponde, tratamiento farmacológico. También debería decir cuándo es el próximo control.

Y una idea que ayuda a las familias a salir de la culpa: el TDAH no lo causan las pantallas, el azúcar ni la falta de límites. Es una condición del neurodesarrollo con base biológica y fuerte componente hereditario. El entorno no lo produce, pero sí influye —y mucho— en cuánto sufre el chico y en cuánto puede desplegar lo que sabe hacer.

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