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Embarazo Semana a Semana

Semana 23 y 24 del embarazo: el límite de viabilidad fetal

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Semana 23 y 24 del embarazo: el límite de viabilidad fetal

La semana 23 y 24 marcan el límite de viabilidad fetal. Los pulmones maduran, el bebé pesa casi 600g y la mamá se hace el test de glucosa. Te explicamos todo.

⚕️ Aviso médico: Este artículo es únicamente informativo. Consultá siempre con tu médico de cabecera, obstetra o el especialista correspondiente ante cualquier duda.

Las semanas 23 y 24 marcan un punto bisagra en el embarazo. Es el momento en que la medicina empieza a hablar de "viabilidad fetal", y también la etapa en que te van a pedir uno de los estudios más importantes del segundo trimestre: el test de glucosa. Tu bebé sigue creciendo a buen ritmo y vos empezás a sentir las primeras señales de que el tercer trimestre se acerca.

¿Qué significa "viabilidad fetal"?

La semana 24 se considera el límite de viabilidad fetal: el punto a partir del cual un bebé nacido prematuramente tiene posibilidades reales de sobrevivir fuera del útero con el apoyo de cuidados intensivos neonatales.

Es importante entenderlo bien. Esto no significa que nacer en la semana 24 sea seguro o sin complicaciones. Un bebé que nace a esta edad gestacional tiene por delante semanas o meses en una UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales) y enfrenta riesgos significativos. Lo que significa es que la medicina moderna ya puede hacer muchísimo por él. Antes de la semana 22-23, en cambio, las posibilidades de supervivencia son muy bajas incluso con los mejores cuidados disponibles.

En la semana 23 tu bebé mide unos 28 centímetros y pesa alrededor de 500 gramos, más o menos como un pomelo pequeño. En la semana 24 ya supera los 600 gramos y los 30 centímetros.

Los pulmones: el órgano que más tiempo tarda en madurar

El principal desafío de cualquier bebé prematuro es la inmadurez pulmonar. Los pulmones son el último órgano en estar realmente listo para funcionar en el mundo exterior, y su maduración completa no llega hasta cerca de las 35-36 semanas.

El elemento clave es el surfactante: una mezcla de proteínas y lípidos que recubre el interior de los alvéolos —los pequeños sacos donde se intercambia el oxígeno— y evita que se colapsen al exhalar. Sin surfactante suficiente, cada respiración exige el mismo esfuerzo enorme que la primera, algo que un bebé tan pequeño no puede sostener.

En la semana 23-24, las células que producen el surfactante (los neumocitos tipo II) recién están empezando a activarse. Por eso, si en estas semanas hay riesgo de parto prematuro, los médicos administran corticoides a la mamá para acelerar la maduración pulmonar del bebé. Es una intervención sencilla que cambia el pronóstico de manera notable.

Otros desarrollos notables

  • El cerebro empieza a desarrollar sus surcos y circunvoluciones, las arrugas características del cerebro humano. Hasta la semana 20-22 la superficie cerebral era relativamente lisa.
  • El sentido del tacto está muy desarrollado: el bebé responde a toques en la pared uterina y explora con sus manos el cordón umbilical y su propia cara.
  • Los párpados están a punto de abrirse, generalmente entre las semanas 25 y 27.
  • El oído interno ya distingue tu voz, los latidos de tu corazón y los ruidos de la digestión. Hablale: te reconoce.

El test de glucosa: detectar la diabetes gestacional

Alrededor de la semana 24 a 28 —en Argentina suele indicarse entre la 24 y la 28, o antes si hay factores de riesgo— se realiza la prueba de tolerancia oral a la glucosa (PTOG o curva de glucemia), que evalúa si desarrollaste diabetes gestacional.

La diabetes gestacional es una condición en la que el cuerpo no logra manejar correctamente el azúcar durante el embarazo. Puede afectar el crecimiento del bebé (haciéndolo más grande de lo esperado) y aumentar algunos riesgos en el parto. La buena noticia es que, con diagnóstico temprano y tratamiento adecuado, se controla muy bien. El tratamiento suele empezar por cambios en la alimentación y actividad física, y solo en algunos casos requiere insulina.

¿Cómo es el test?

  • Se toma una muestra de sangre en ayunas.
  • Tomás una solución de glucosa concentrada (bastante dulce).
  • Esperás una o dos horas, según el protocolo de tu maternidad.
  • Se toma otra muestra de sangre para medir cómo manejó tu cuerpo ese azúcar.
  • Si los valores superan el límite normal, se hace una prueba de confirmación más completa.
Factor de riesgo de diabetes gestacional
Sobrepeso u obesidad antes del embarazo
Antecedentes familiares de diabetes
Diabetes gestacional en un embarazo anterior
Bebé anterior con más de 4 kg al nacer
Edad materna mayor de 30 años
Síndrome de ovario poliquístico

Tené en cuenta que muchas mujeres sin ningún factor de riesgo también desarrollan diabetes gestacional, por eso el test es parte de los controles de rutina para todas.

Si el test da positivo: cómo se maneja

Recibir un diagnóstico de diabetes gestacional puede asustar, pero la realidad es que, controlada a tiempo, la gran mayoría de las mujeres tiene embarazos y bebés completamente sanos. El tratamiento es escalonado y casi siempre empieza por medidas sencillas:

  • Alimentación: es la base del tratamiento. Se suele trabajar con un nutricionista para distribuir los carbohidratos a lo largo del día, priorizar alimentos de bajo índice glucémico y hacer comidas más chicas y frecuentes.
  • Actividad física: caminar después de las comidas ayuda a bajar la glucemia de forma natural.
  • Automonitoreo: en muchos casos se indica medir la glucemia con un pinchazo en el dedo varias veces al día para ver cómo responde tu cuerpo.
  • Insulina: solo en una parte de los casos, cuando la alimentación y el ejercicio no alcanzan. Es segura para el bebé y no genera dependencia: la mayoría la deja después del parto.

La diabetes gestacional suele desaparecer luego del nacimiento, aunque conviene un control posparto y prestar atención a futuro, porque implica un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 con los años. Un buen seguimiento durante el embarazo y hábitos saludables después marcan la diferencia.

La mamá en la semana 23-24

La panza ya es grande y el cuerpo empieza a notarlo. Las molestias típicas del tercer trimestre empiezan a asomarse de a poco:

  • Acidez y reflujo: aumentan a medida que el útero crece y comprime el estómago. Comer porciones más chicas y frecuentes ayuda.
  • Dificultad para dormir boca arriba: esta posición puede comprimir la vena cava y reducir el flujo de sangre al bebé. Lo recomendado es dormir de costado, preferentemente del lado izquierdo.
  • Hinchazón en pies y tobillos, sobre todo al final del día.
  • Dolores de espalda que se intensifican con el peso creciente y el cambio en el centro de gravedad.

En Argentina, en esta etapa también es un buen momento para verificar tu esquema de vacunación. La vacuna triple bacteriana acelular (dTpa) se aplica en cada embarazo a partir de la semana 20, idealmente entre la 27 y la 36, para proteger al bebé contra la tos convulsa en sus primeros meses de vida. Consultalo en tu próximo control.

Señales de alarma: cuándo consultar

Acudí a la guardia o comunicate con tu obstetra ante cualquiera de estos signos, que podrían indicar amenaza de parto prematuro u otra complicación:

  • Contracciones regulares y dolorosas, o más de cuatro o cinco en una hora.
  • Pérdida de líquido por la vagina (puede ser ruptura de bolsa) o sangrado.
  • Presión pélvica intensa o sensación de que "el bebé empuja hacia abajo".
  • Disminución marcada de los movimientos del bebé.
  • Dolor de cabeza fuerte, visión borrosa o hinchazón brusca (posibles signos de preeclampsia).
  • Fiebre o ardor al orinar.

Las semanas 23 y 24 son un recordatorio de lo lejos que ya llegaron juntos. Hacete el test de glucosa cuando te lo indiquen, mantené tus controles prenatales al día y seguí cuidando tu descanso. Lo que viene son las semanas en que tu bebé abre los ojos por primera vez y sus sentidos terminan de despertar.

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